Confiesa asesino en serie tras 15 años: los diarios de un vecino revelan la verdad

Cuando Martina Soto heredó la casa de su tío Héctor Villalobos en el tranquilo barrio de Los Pinos, jamás imaginó lo que encontraría. El 18 de noviembre, mientras limpiaba el desván para poner la propiedad en venta, tropezó con una caja de madera oculta bajo las vigas del techo. Dentro había 17 cuadernos escritos a mano, fechados entre 2008 y 2023.

Al principio, Martina pensó que se trataba de las memorias personales de su tío, un hombre de 68 años que falleció de un infarto el pasado agosto. Pero al comenzar a leer, su sangre se heló. Las páginas contenían descripciones detalladas de seis asesinatos que permanecían sin resolver en la región.

«Al principio no podía creerlo. Mi tío era un hombre tranquilo, respetado en el barrio. Trabajó como contador durante 40 años», declaró Martina con voz temblorosa. «Pero las descripciones eran demasiado específicas, demasiado reales. Supe que tenía que llamar a la policía inmediatamente».

Héctor Villalobos era lo que los criminólogos llaman un «asesino invisible». Vivió 68 años sin levantar sospechas. Vecinos, compañeros de trabajo y familiares lo describen como un hombre reservado pero amable, que ayudaba en eventos comunitarios y nunca tuvo problemas con la justicia.

«Es aterrador pensar que compartí el ascensor con él durante años», confesó una vecina que prefirió mantener el anonimato. «Siempre saludaba con una sonrisa. ¿Cómo alguien así puede cometer esos actos horribles?»

Los perfiles psicológicos preliminares sugieren que Villalobos padecía un trastorno de personalidad no diagnosticado que le permitía llevar una doble vida con total naturalidad. Sus diarios revelan una mente meticulosa, calculadora y completamente desprovista de empatía hacia sus víctimas.

Extracto del diario:

Los diarios confirman la identidad de seis víctimas cuyos casos permanecían sin resolver. Todas eran mujeres jóvenes entre 22 y 35 años que desaparecieron en circunstancias misteriosas entre 2010 y 2022. Las autoridades ya han comenzado a correlacionar las confesiones escritas con las evidencias físicas de cada caso.

⚠️ Víctimas Confirmadas

1. Carolina Méndez (28 años)
Desaparecida: 12 de agosto, 2010 | Encontrada: Bosque de Las Condes, 2011
2. Patricia Rojas (24 años)
Desaparecida: 3 de junio, 2012 | Caso sin resolver hasta ahora
3. Daniela Torres (31 años)
Desaparecida: 19 de octubre, 2014 | Encontrada: Río Maipo, 2015
4. Andrea Vásquez (27 años)
Desaparecida: 8 de marzo, 2017 | Caso sin resolver hasta ahora
5. Mónica Fernández (22 años)
Desaparecida: 15 de diciembre, 2019 | Encontrada: Cajón del Maipo, 2020
6. Valeria Campos (35 años)
Desaparecida: 7 de abril, 2022 | Caso sin resolver hasta ahora

Cronología de los Crímenes

Agosto, 2010

Primer crimen documentado. Carolina Méndez desaparece.

2010 – 2022

Período activo del asesino. Seis víctimas en total.

Abril, 2022

Última víctima conocida: Valeria Campos.

Agosto, 2023

Héctor Villalobos fallece de un infarto a los 68 años.

18 de noviembre, 2025

Su sobrina descubre los diarios en el desván.

19 de noviembre, 2025

Se entrega evidencia a las autoridades. Comienza la investigación.

27 de noviembre, 2025

Las autoridades confirman la autenticidad de las confesiones.

El equipo de homicidios de la PDI ha trabajado sin descanso desde que recibieron los diarios. Los investigadores han confirmado que múltiples detalles descritos en los cuadernos coinciden con evidencia que nunca fue revelada al público, lo que descarta la posibilidad de que se trate de una confesión falsa.

«Hay información en estos diarios que solo el perpetrador podría conocer», explicó el Subprefecto Luis Herrera, jefe de la Brigada de Homicidios. «Ubicaciones exactas, métodos específicos, objetos personales de las víctimas. Esto es real y definitivamente cierra varios casos que nos quitaban el sueño».

Los análisis forenses han confirmado que la letra manuscrita coincide con muestras de escritura de Villalobos obtenidas de documentos laborales. Además, las huellas dactilares en algunos de los recortes de periódico encontrados en la caja coinciden con las del fallecido.

El análisis de los diarios revela un patrón meticuloso de acecho. Villalobos estudiaba a sus víctimas durante semanas o incluso meses antes de actuar. Anotaba sus rutinas, lugares que frecuentaban, personas con las que se relacionaban y momentos de vulnerabilidad.
Todas las víctimas eran mujeres que vivían solas o tenían horarios predecibles. El asesino aprovechaba momentos en que estaban aisladas, generalmente en trayectos a pie entre el trabajo y sus hogares. Nunca atacaba en el mismo lugar dos veces, lo que dificultó enormemente la detección de un patrón durante la investigación original.
Los expertos en perfilación criminal señalan que este nivel de planificación y autocontrol es característico de asesinos en serie organizados, los más difíciles de capturar porque cometen menos errores y pueden mantener su doble vida durante décadas.

  • Disposición de evidencia: Zonas rurales alejadas
  • Selección de víctimas: Mujeres jóvenes que vivían solas
  • Período de observación: 2-4 meses antes de actuar
  • Método de aproximación: Encuentros aparentemente casuales
  • Locaciones: Áreas urbanas con poca vigilancia
  • Intervalo entre crímenes: 18-24 meses aproximadamente

Para las familias de las víctimas, el descubrimiento de los diarios trae una mezcla de alivio y angustia renovada. Después de años sin respuestas, finalmente saben qué les ocurrió a sus seres queridos, pero el conocimiento de los detalles es devastador.
Roberto Méndez, padre de Carolina, la primera víctima, expresó sus sentimientos encontrados: «Durante 15 años no supe qué le pasó a mi hija. Cada día era una tortura. Ahora sé la verdad y, aunque es dolorosa, al menos puedo cerrar este capítulo y honrar su memoria con la verdad».
La Fundación de Familias de Personas Desaparecidas ha ofrecido apoyo psicológico gratuito a todos los familiares afectados. También están presionando para que se revisen otros casos sin resolver en busca de posibles conexiones adicionales.

Aunque Héctor Villalobos falleció antes de que se descubriera su doble vida, el caso aún tiene importantes implicaciones legales. Las autoridades están usando la información de los diarios para localizar restos de las tres víctimas que nunca fueron encontradas.

Equipos forenses han sido despachados a varias ubicaciones mencionadas en los diarios. Ya se han encontrado restos óseos en dos de las locaciones descritas, y los análisis de ADN están en curso para confirmar las identidades.

Además, los investigadores están revisando si Villalobos pudo haber estado involucrado en casos adicionales no documentados en sus diarios. Se están comparando patrones con desapariciones sin resolver en regiones vecinas durante el mismo período.

Acciones en curso:

  • Búsqueda de restos en 8 ubicaciones mencionadas en los diarios
  • Análisis de ADN de evidencia recuperada (3-4 semanas)
  • Revisión de casos fríos en la región (2010-2023)
  • Entrevistas con conocidos y familiares del perpetrador
  • Análisis psicológico post-mortem del perfil criminal
  • Coordinación con Interpol para casos potenciales en el extranjero

El barrio de Los Pinos, conocido por su tranquilidad y sentido de comunidad, ha quedado traumatizado por la revelación. Muchos residentes conocían a Villalobos desde hace décadas y simplemente no pueden conciliar la imagen del vecino amable con la del asesino en serie.
«Jugué ajedrez con él durante años en el club del barrio», contó Jorge Maldonado, vecino de 72 años. «Era metódico, paciente, nunca perdía la compostura. Ahora entiendo que esas mismas cualidades las usaba para algo monstruoso. Me siento traicionado y asustado al mismo tiempo».
Psicólogos comunitarios han organizado sesiones de apoyo para los residentes que están lidiando con el shock y la sensación de vulnerabilidad. Muchos reportan problemas para dormir y paranoia sobre otros vecinos.

Extracto del diario:

Este caso se está convirtiendo en un estudio importante para criminólogos y perfiladores en todo el país. La capacidad de Villalobos para mantener una fachada normal durante más de una década, mientras cometía crímenes atroces, desafía muchos estereotipos sobre asesinos en serie.

«No todos los asesinos en serie son personas marginales o visiblemente perturbadas», explica la Dra. Patricia Ramírez, criminóloga de la Universidad de Chile. «Muchos son funcionales, inteligentes y capaces de integrarse perfectamente en la sociedad. Por eso son tan difíciles de detectar».

Los diarios de Villalobos están siendo estudiados por su valor académico, con el permiso de las familias de las víctimas. Proporcionan una ventana única a la psicología de un asesino en serie desde su propia perspectiva, algo extremadamente raro en criminología.

Las autoridades esperan cerrar formalmente los seis casos en las próximas semanas, una vez que se completen todos los análisis forenses. También se está preparando un informe completo que será compartido con agencias de aplicación de la ley a nivel nacional para ayudar a detectar patrones similares en el futuro.

Para las familias, este cierre llega 15 años tarde, pero finalmente podrán poner fin a la incertidumbre. Se está planificando un memorial conjunto para las seis víctimas, que se develará en Los Pinos el próximo año.

El caso de Héctor Villalobos nos recuerda que el mal puede esconderse detrás de la cara más ordinaria, y que la vigilancia y la tecnología forense moderna son herramientas esenciales para proteger a las comunidades vulnerables.

⚠️ Nota de la Redacción: Este artículo contiene información de casos reales de investigación criminal. Por respeto a las víctimas y sus familias, algunos detalles gráficos han sido omitidos. Si tienes información sobre casos sin resolver similares, contacta a las autoridades.

Este caso subraya la importancia de nunca abandonar las investigaciones de personas desaparecidas. Cada caso merece recursos, atención y perseverancia. Las familias de Carolina, Patricia, Daniela, Andrea, Mónica y Valeria esperaron años por respuestas, y finalmente las obtuvieron gracias a un descubrimiento fortuito.
Pero también plantea preguntas incómodas: ¿Cuántos otros casos sin resolver podrían estar conectados? ¿Cuántos otros criminales viven entre nosotros con máscaras de normalidad? Estas son preguntas que mantendrán a investigadores y comunidades vigilantes en los años venideros.